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Somos libres para criar a nuestros hijos?

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El otro día lanzaba un tweet donde simplemente promocionaba el hecho de que si “había problemas con la escuela, educar en casa era nuestro derecho”. Una de las primeras respuestas no tardó en llegar

Haré la vista gorda al hecho frecuente de que en las redes sociales es bien simple opinar y responder pero nunca leer o adentrarse a lo que uno está compartiendo. Esta mujer por lo visto, al no saber de qué estaba hablando realmente,  unió ,cual regla de tres simple, el educar en casa estrictamente con la crianza. En fin, no iba a responder pero, ya me conocen, no puedo con mi alma y sutilmente le apunté que hablaba de lo académico también, no solo de criar a nuestros hijos.[su_pullquote align=”right”]Antes de casarme tenía seis teorías sobre el modo de educar a los hijos. Ahora tengo seis hijos y ninguna teoría“. (John Wilmot)[/su_pullquote]
Pero a la larga me quedé pensando  y llegué a la conclusión- no tan extraña que ya lo hemos hablado después de todo- que en realidad no somos tan libres para criar a nuestros hijos como creemos.

Una de las razones se debe al condicionamiento sobre la obediencia que ya apuntamos en su momento. Nuestra sociedad asume que la escuela enseña y los padres educan, dividen las aguas y esperan que cada uno haga lo suyo.  Pero no podemos ignorar que lo que uno muchas veces se esmera por enseñar en casa, en la escuela se echa por tierra y que el trabajar en conjunto termina siendo una verdadera falacia, casi una utopía. Y también pasa a la inversa, ¡ojo!

Si educas a tus hijos para denunciar injusticias, en la escuela les enseñan que eso es ser “buchón”.
Si educas para tener autoestima y confianza, allí les enseñarán que eso es “hacerse la linda” o “mandarse la parte”
Si educas para la responsabilidad de cumplir y respetar, seguramente serán el “oreja” del curso.
Si educas en la fe o en filosofías de salud (como ser vegetariano), serán  bichos raros o fanáticos.

Somos intolerantes. No soportamos lo diferente. Y esto no solo pasa en el área de la escuela, también pasa en la familia. A cuántos padres no les tocará dejar al cuidado de suegras o tías a sus hijos sin que estas tomen en cuenta lo que se les pide. Si en casa no hay televisión porque la consideramos dañina, ahí van y los enchufan porque “pobrecitos mirá si no van a poder mirar un poco de tele, che” Si decidís que mejor coman verduras, porque en casa son vegetarianos, mientras no estés le clavan una hamburguesa porque “esta moda hippie los va a matar de hambre“.

Es cierto que los demás no actúan de mala fe o por puro capricho. Actúan basados en lo que creen es lo mejor, actúan la mayoría de las veces desde el amor y la preocupación. Sin embargo las buenas intenciones en eso quedan y me pregunto cuánto de negación hay en no poder siquiera abrirse a una visión empática de la cosa. ¿Por qué cuesta tanto entender que otro vive diferente y puede ver la vida de manera diferente?

Libres para criar, un poquito…

Nadie es dueño completo de la verdad. El que crea que lo sabe todo, que la tiene clara, que ya no le queda nada por aprender, está realmente perdido. Pero los tiempos cambian, la gente cambia, las sociedades cambian y pienso que se hace imperioso plantearse todo el tiempo hacia dónde vamos, qué sociedad queremos y qué hacemos cada uno para mejorar las cosas. Tengo la terrible sensación que muchos corren por la vida “dejando fluir” según las circunstancias, sin planes y sin metas; también aquellos que se esmeran demasiado en ser padres “perfectos” de acuerdo a la filosofía a la que intentan acomodarse.

Sin embargo me pregunto… y esto sí que es una osadía decirlo:

si la educación es un derecho, ¿quién es el que finalmente elige?

Me explico mejor. Varias veces hemos explicado que aunque se relacionen entre sí, un derecho y un deber son cosas diferentes. Un deber es algo que se ejerce sin elección, es algo que HAY QUE hacer. Pero un derecho puedo ejercerlo o no, acceder a él o no. El mejor ejemplo que siempre doy es el de la libertad de expresión. Puedo ejercer mi derecho a expresar libremente mi parecer sobre algo, o puedo hacer mutis por el foro y decidir que sobre eso no quiero opinar. Las razones son personales, nadie puede ponerme un arma en la sien para obligarme a ejercer un derecho.

Entonces, si los niños tienen derecho a la educación y si nosotros como padres tenemos derecho a elegir la mejor educación para ellos según nuestras formas de vida, filosofía, creencias, etc… ¿quién realmente elige qué deben aprender los niños, qué valores y responsabilidades deben asumir, qué forma de vida en general deben adoptar? ¿Acaso no tenemos generaciones y generaciones de hijos dedicados a una profesión en realidad elegida por los padres? No conozco uno solo de ellos que esté feliz con esa profesión, simplemente porque no fueron libres de elegirla.

Por lo mismo, ¿qué ser humano puede realmente tener la altura suficiente para decirnos cómo criar a nuestros hijos? Claro, entiendo, muchos dirán que hay cosas básicas que no se pueden desestimar como el hecho de leer y escribir, cuentas básicas, cómo comportarse. Y es cierto que muchos podrían dejar a la buena de Dios a muchos de sus hijos para que por cuenta propia y casi por gracia de la buena suerte incorporen las nociones básicas de una buena convivencia en esta sociedad o el cómo hacerse cargo de sí mismo. Es cierto también que por cada padre abandónico hay uno sobre protector que muchas veces termina anulando a sus hijos; pero insisto – y esto lo tiro como pregunta al aire porque realmente no tengo una respuesta acabada- ¿dónde está el límite?

Quizá la mejor respuesta llegue con una concienzuda reflexión sobre qué es para nosotros criar, educar, formar. ¿Respetamos los intereses de nuestros hijos?, ¿estamos al tanto de sus necesidades?, ¿los escuchamos? Cuando hay amor y cuando la forma de criar es realmente consciente dudo que no sepamos qué caminos tomar. Y, sobre todo, poder cambiar si es necesario. No amoldarse, ser capaz de salir de la zona de confort, de la sumisión de hacer lo que se supone es lo mejor solo porque todos lo hacen o porque así me educaron a mí y salí lo más bien.

Poder empoderarnos como padres y no emperrarnos como tales.

Paula Lago

Ex docente, siempre autodidacta y curiosa. Desde que inicié este camino mi vida ha cambiado rotundamente; me ha re-conectado con mi propio entusiasmo por el aprendizaje.
Amo la fotografía , la música , la literatura.
Ah! , también leo el tarot

7 Comments

  1. Claro Pauli, como siempre es muy aguda tu observación y sobre todo las preguntas inicial y final. Casualmente ayer, hablando con Sofi de la crianza de los hijos, ella me comentaba que en cuestión de pareja, digamos, ella quire tener un marido o esposo que esté de acuerdo en la educación de sus “mellizas”, si porque Sofi tiene clarísimo que quiere hacerme abuela por partida doble, así me la paso cosiendo vestiditos en composé para dos de mis clones, con mi mismo discurso, pero en mi contra, jajajaja. Bueno me derivé…

    Pero ella dice que lo único que quiere de su marido o pareja es que esté de acuerdo con la educación en casa y que si no está de acuerdo, no sea un palo en la rueda. Para ella lo ´más importante de todo es poder elegir qué educación darle a sus mellis, que sea lo más libre posible. Justo como yo misma me tomé la educación en casa. Libertad total y ni una sola regla!. Evidentemente me sale bien porque al menos en la crianza y educación de mis nietas, ella la tiene clarísima!! ¿De dónde viene que ella quiera esa libertada para sus nenas? Del mismo lugar que yo he querido y cultivo la libertad para ella.

    Pienso que el límite del que preguntabas para ejercer y disfrutar una educación para la vida y con valores, está justamente en el disfrute!! Cuando una situación se empieza a poner tensa, es hora de cambiar de camino y pegar el volantazo. Pero mientras cualquier actividad o aprendizaje juntos y en familia son placenteros. Vamos bien. Sólo que hay que saber darse cuenta cuándo eso mismo deja de ser funcional y pasar a otra cosa. Porque si hay amor y respeto en la crianza… se me ocurre que los valores de la vida vienen por añadidura y lo académico pasa a ser sólo un detalle.

    Lindísima reflexión Pauli. Me encantó, me recontra encantó la frase final: “Poder empoderarnos como padres y no emperrarnos como tales” Belleza sublime condensada en un frase con el poder de un fino extracto de sutil perfumería. Huele a rosas frescas!!!!!!!!!!!!!

  2. hola PAula! gracias por tus reflexiones! comparto mucho de lo que decís. Creo que si bien somos libres para criar a nuestros hijos bajo el paradigma que nos parece más adecuado, lo que no podemos evitar es convivir con gente que sigue otros paradigmas distintos al nuestro. Y eso está muy bien. Puede ser muy enriquecedor porque nos obliga a revisarnos permanentemente, a crecer, a reafirmarnos en nuestras convicciones o modificarlas si es necesario, siempre que nos encontremos en una postura de humilde aprendizaje que es movimiento puro, ya que las rigideces, demás de ser necias no permiten la metamorfosis inherente a los cambios.
    Pero la dificultad ese sobrevivir intacto ante la difícil convivencia de distintos paradigmas que buscan despellejarse unos a otros. El desafío es cómo hacerle frente a quienes se sienten en peligro y disfrazan de “buenas intenciones” su incapacidad para tolerar o aceptar lo diferente, sobre too cuando vienen del entorno cercano. Creo que hay que ser muy lúcido y equilibrado para salir intacto…habría que ser muy sabio! Tenemos la responsabilidad enorme como padres y madres de dejar a nuestros hijos las herramientas para que ellos puedan ver lo que en general se oculta tras la intolerancia, esto es el miedo y la ignorancia. Comprendiendo esto podremos confiar en nuestras elecciones y proteger a nuestros hijos de ataques inevitables.
    El día que las familias y sociedades logremos convivir aceptando los matices, valorando los aportes de lo diferente, seremos más amorosos, más armoniosos, más inteligentes.
    Un abrazo Paula!

    • Comparto totalmente, Fabiana! Sobre todo qué cierto eso de El desafío es cómo hacerle frente a quienes se sienten en peligro y disfrazan de “buenas intenciones” su incapacidad para tolerar o aceptar lo diferente Muchas veces es así, un disfraz incluso inconsciente. Recuerdo ahora cuando mi sobrina, que tuvo su segundo hijo en su casa, me contaba que mi hermana le dijo algo así como “respeto tu decisión pero no me pidas que la apoye” Bien sabemos los que intentamos cosas diferentes lo difícil que es siquiera que al menos se informen como nosotros.
      A mí con el tema de educar en el hogar ya no me dicen mucho pero creo que no me lo dicen porque opté por ser tan intransigente como ellos. Como en Navidad cuando fui a lo de mis tíos y surgió el bendito tema de “los roces” que te da la escuela y se pusieron densos. Ahí nomás le dije a mi marido “vamos”, nos levantamos y nos fuimos. No enojados pero sí determinados. No sé si está bien o mal, pero tampoco tengo ganas de gastar energía en ser comprendida con los que tampoco les interesa ponerse en mi lugar, ni mucho menos les interesa evaluar en estos 4 años si mis hijos están mejor o peor!

  3. Bueno Paula, qué interesante para abrir un debate!! Tiene tantas aristas este tema como posibilidades nos da la vida, la crianza y educación de nuestros hijos no depende solo de nosotros (padres) también conviven con un entorno, porque aunque se eduquen sin escuela, socializan! y esa relación con el entorno, que en un 99% no es como en casa, hace que ingresen al hogar cosas nuevas, diferentes. En nuestro caso vienen de la calle eufóricos a contar “eso” que pasó o que escucharon y se debate generalmente previo a, o en la cena, y de verdad las opiniones y fundamentos que ellos dan frente a lo que sucedió son muy interesantes, creo que es ahí donde ellos aprenden a respetar y hacerse respetar, poner límites y limitarse, convivir con el que piensa diferente pero aún así no impide que seamos amigos, saber decir esto no me gusta y no quiero que me lo hagas, yo te respeto, hacé vos lo mismo conmigo!
    Y a todo esto hay que sumarle la cultura del país en el que vivimos o nacimos, el ambiente que nos rodea, si estamos condicionados por creencias religiosas o dogmáticas o el que fuera.
    A mi hay algo que siempre me da vueltas en la cabeza y es que aún siendo yo madre de mis hijos y creyendo conocerlos y cuáles son sus necesidades y tratar por todos los medios de satisfacerlas es suficiente para hacer de ellos mujeres y hombres libres y felices?
    Gracias por el artículo, educar en casa también tiene que ver con esto, plantearnos permanentemente si lo que hacemos es lo correcto-

    • Excelente tu comentario Mariana! porque es cierto. No podemos obviar el hecho que se mueven en un mundo que va cambiando, que además está en relación a una cultura y una forma de vida tanto particular como global. Por eso también digo que a veces es necesario plantarse y reflexionar a ver si vamos bien, si hay cosas que detectamos como padres que necesitaríamos cambiar de acuerdo a lo que consideremos mejor para ellos.
      Un ejemplo, con mi marido estamos dándole vueltas hace años la posibilidad de mudarnos al sur, a un lugar más verde, sano y natural; siempre nos encantó la Patagonia y nos parece importantísimo que nuestros hijos estén en contacto con un ambiente más natural. Bien, pero también pensamos en las posibilidades infinitas que tiene BsAs y la cercanía con la Capital: museos, talleres, las universidades, en fin… cuestión estamos varados en una maraña hace un tiempo jajajajaja. No se puede ser perfecto, hay cosas que cuestan decidir bien jajaa
      En cuanto a tu pregunta final, te la intento responder…. creo que no, no podemos garantizarle la libertad y felicidad a nuestros hijos; pero SI podemos educarlos para que nunca dejen de defenderla y buscarla. Creo que eso es lo importante.

      • Hola, Paula me uno un poquito! porque creo que a veces hay errores de entendimiento. En realidad a veces se cree que el educar en casa es que los chicos no salgan a la calle, que no interactuen, que no vivan con amigos, primos, supermercados, playas, paisajes, puf mil cosas. Claro no todo es como en casa!!! y eso no se lo pierden!. Por eso yo pienso que lo mejor es ser LIBRES, que cada uno pueda elegir y escuchar con atención a nuestros hijos, si ellos sufren en la escuela y lo dicen a gritos es nuestra obligación escucharlos y hacer lo posible para que la experiencia de aprender sea constructiva y no destructiva, el niño que la pasa bien seguirá! allí radica la libre elección.
        Un beso enorme y adelante!!!!!!

        • Claro Lorena! en ese sentido entiendo cuando hay padres que por una cuestión de filosofía de vida o concepción de la educación deciden sacar a los chicos del cole aun cuando la pasan bien porque entiendo que es como cuando decidís sobre su alimentación. Sin embargo siempre recomiendo cuando me consultan que si los chicos NO quieren dejar la escuela, habría que plantearse realmente que es una decisión y derecho de ellos que también tenemos para respetar.
          Yo siempre cuando mis hijos me tiran algún comentario que yo interpreto con la angustia de que están pidiendo volver les pregunto abiertamente. Siempre me dicen NOOO NI EN PEPE jajajaja pero siempre estoy dispuesta (con el corazón en la boca lo reconozco) a que puede pasar que me pidan volver.

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