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Socialización y diversidad en la escuela

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Hace unos días atrás vino a casa un sobrino para que lo ayudase con un trabajo para la facultad. Simplemente había que comparar dos textos, uno de Vargas LLosa y otro de Asma Lamrabet, sobre el uso del velo islámico en las escuelas.

diversidad en la escuelaEste último texto de Lamrabet realmente me dio la punta necesaria para hablar del ovillo enredadísimo que suele ser el tema de la socialización en las escuelas y que pocos parecerían advertir realmente.
La gran mayoría de las personas que han pasado por el colegio guardan, con más o menos cariño, muchos recuerdos con respecto a sus compañeros o «amigos» que la escuela le ha permitido conocer. Es lo que más se rescata en general cuando se habla de la escuela como ente socializador, y los que educamos en casa es la pesadilla inmortal que debemos sortear en cada reunión o conversación donde surge el tema del homeschooling. Sin embargo, del extenso pero magnífico texto de esta intelectual de origen musulmán, me he quedado zumbando con estos párrafos que me parecen importantes retomar para este tema.

¿En qué podría ser, este deseo de diferenciación, perjudicial para la escuela?¿La escuela no es el lugar que debe gestionar neutralmente todas estas diferencias? Y que hacemos con los otros signos de diferenciación que son de moda en el espacio público escolar actualmente tal como las marcas de prendas, de zapatos, el piercing, los cortes de cabellos: ¿cabeza rapada o el pelo rojo, el estilo rasta…etc?
La neutralidad de la escuela debería justamente expresarse no por las prohibiciones sino por el respeto de la diversidad de las convicciones y de las identidades de los individuos.
En cuanto el hecho de que el velo en la escuela sea perjudicial para los valores de la laicidad como ha sido decretado por la ley francesa esto es contradictorio una vez más por los principios de base de esta misma laicidad. Puesto que el principio de la laicidad no implica la represión de la manifestación de las convicciones religiosas dentro del espacio público sino más bien expresa un proceso de “distanciamiento” del Estado con relación a las creencias religiosas. La laicidad es justamente el “garante” de la libertad de conciencia y es ante todo un principio de libertad: “Nadie puede ser molestado por sus opiniones, hasta religiosas”, dice el artículo 10 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
La escuela, conforme a los compromisos europeos, respeta el pluralismo y reconoce a toda persona el derecho a manifestar su religión o convicción individualmente o en colectividad, en público o en privado, por el culto, la educación, las prácticas y el cumplimiento de los ritos.
El hecho de llevar el velo no atenta pues contra los valores de la laicidad y contra los principios que basan las democracias modernas y que todos deben ser respetados. Lo que, en cambio es contrario a la cultura democrática es expulsar a alumnas de su escuela bajo el único pretexto de llevar un velo.

Supongo que cuando se habla de inclusión actualmente, principio rector de nuestra Ley Nacional de Educación, algo de esto se querrá alcanzar. Es decir, respetar al otro en todo lo que lo diferencia de mí y no, como pasa en la realidad, convertirlo en mí mismo.
Es cierto que en Europa tengan quizá un mayor conflicto multicultural del que podríamos tener en Argentina, pero créanme que en mis casi 15 años de docencia JAMÁS he visto que un niño peruano o una niña boliviana no haya sido discriminado de alguna manera.
Muchos podrían asegurar, y con bastante razón también, que muchas veces son los padres quienes enseñan a discriminar, pero pensemos que también la escuela ayuda. El problema no es que haya que enseñar a aceptar al otro meramente; el problema es que no exista de base la tolerancia o el derecho a ser diferente.
Color de piel, origen, aspecto físico, inclinación sexual, clase social, etc, etc. siempre son factores de discriminación que cuando nos ponemos a pensar un poco «aceptamos» como normales. Y es algo que se da en todo tipo de escuelas, tanto públicas como privadas, tanto religiosas como laicas.
El uso del uniforme o guardapolvo es un símbolo apenas anecdótico dentro del sistema homogeneizador que tiene el colegio. La finalidad altruista es no dar lugar a las diferencias que pudieran exponer al otro a la exclusión, por ello el uniforme o guardapolvo, más allá de marcar una cierta «identidad» institucional, pretende enmascarar diferencias sociales que causarían conflictos; conflictos que después de todo se dan igual. Quizá gracias a esto los niños no tengan problemas notando diferencias entre sus «ropas» o «calzados», si son de marca o no lo son, pero esas diferencias las viven también con respecto a todo lo demás: tipo de celular, de vacaciones, de cantidad de uniformes o guardapolvos, de tipos de cartucheras o mochilas, de si viene en auto o caminando, etc.
Con esto quiero decir, un poco torpemente lo sé, que si es por «evitar» el dolor de las diferencias, las cosas se están haciendo muy mal. Es en este punto donde se necesitaría un cambio de paradigma más grande que ningún otro. Dar la libertad de ser diferente es mostrar que se está dispuesto a tolerar al otro.
Por supuesto que siempre habrá reglas que acatar, no sería cosa de «respetar» que porque el otro quiere ir en cueros al colegio debería poder hacerlo. Me refiero  a la cantidad de energía que se pone en prohibir estupideces como ir con uñas pintadas u ojos delineados, hebillas de pelo que se salgan del «color» permitido, pelo suelto, largo o demasiado corto, y un largo etc. Si estas pequeñeces se terminan convirtiendo muchas veces en grandes dilemas y dramas imagínense tratar de respetar otras cosas más grandes como la religión de cada uno, su ideal político, su dieta, sus tiempos de aprendizajes, ¡hasta el tipo de bibliografía de consulta!.
Esto es así porque caemos nuevamente en el hecho que la escuela es un «centro académico», bueno, mediocre, pésimo o excelente, pero académico. No se trabaja de base en la idea de socialización o verdadera convivencia. Por el contrario, termina siendo un ambiente competitivo donde los ejes se parten y los valores se trastocan: si no te sacás buenas notas sos mediocre pero si te sacás buenas notas sos un nerd. Las cosas que deberían valorarse no se valoran y las diferencias que deberían acercarnos, nos distancian tratando de «eliminarse».
Si la escuela es el gran centro socializador según parece, ¿por qué no logra justamente algo tan básico como aprender a convivir con las diferencias?. Me gustaría conocer casos puntuales de quienes defienden que esto sí lo logra el colegio. Por supuesto que siempre habrá niños que hagan la diferencia, valga la ironía, gracias a las enseñanzas de la familia y, por supuesto, gracias a que muchas veces hay docentes que rompen con las dinámicas institucionales para focalizarse en algo que importa y no que urge. Por si no queda del todo claro, me refiero a aquellos que sabiendo que lo que importa es lograr la buena convivencia de un grupo con conflictos, se dedica de lleno a solucionarlos en vez de someterse al apremio de acabar con un programa o «cumplir» con una curricula.
Al fin y al cabo, esto termina siendo como el huevo y la gallina. Nuestra sociedad es así por la escuela o la escuela es así por la sociedad en la que vivimos. Y si fuera esto último, ¿ por qué la escuela debería buscar el que nos acomodemos felizmente a la sociedad en vez de intentar cambiarla?

Paula Lago

Ex docente, siempre autodidacta y curiosa. Desde que inicié este camino mi vida ha cambiado rotundamente; me ha re-conectado con mi propio entusiasmo por el aprendizaje.
Amo la fotografía , la música , la literatura.
Ah! , también leo el tarot

2 Comments

  1. Hola Pauli!!! primero felicitarte por el artículo el cual es muy bueno e interesante.
    Solo quería comentarte que mis nenas han sufrido bastante el tema de la discriminación por no ser «uniformes» o estar a la «moda» por más que fueran a una escuela rural con guardapolvo, pues les han dicho «¿por qué venís siempre con la misma ropa?» a lo cual la nena le contestó «mi mamá no tiene plata para comprarme más» cosa que no era así, sino que tenían dos mudas para ir a la escuela y se les compraba cuando era realmente necesario, dado que no son modelos para llevar una muda diferente por día y mientras la ropa esté limpia, por más remiendo que tenga no es desdeñable que la lleven puesta no?, cosa que le hice ver a mi nena mayor para que entendiera cómo pensamos nosotros y que no tenía que sentirse mal por ello.
    Pero siempre va a haber un motivo por el cual no «encajes» en esa estandarización y uniformidad que nos impone la sociedad y la escuela. Cuesta, como muy bien decís, que la gente acepte las diferencias y sobe todas las cosas conviva con ellas en paz.
    Espero que esto cambie algún día.
    Te dejo un beso enorme.
    Lorena.

    • Hola Lore!!, terrible lo que me comentás pero es que así terminan «educándose» los chicos en ese contexto. Y digo ese contexto porque por más que uno en familia rescate muchos valores, en la escuela es inevitable que muchas veces terminen por trastocarse. Ya psicológicamente con el ansia de pertenencia que tienen los chicos, y más en la adolescencia, es innegable que terminan sintiéndose mal cuando los marcan como «diferentes».

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