Respetar los tiempos del niño

El prejuicio, en el sentido más literal del término, es, y tal como lo dice la palabra, establecer un juicio previo, tener una idea pre concebida de algo. Por lo general (por no decir siempre) se relaciona a la ignorancia. Desconocemos sobre una determinada cosa y tratamos de explicarla o relacionarla con algo conocido o supuesto. Esto, mal que nos pese, es natural al ser humano. Y como no hay escuela para padres, aunque muchos se esmeren en organizarlas, es terrible comprobar cómo muchas veces caemos en la irresponsabilidad de seguir la incontable cantidad de sugerencias pre establecidas que nos dan los que fueron padres antes que nosotros o expertos en el tema. Muchos de los consejos pueden ser muchas veces enriquecedores, pero hoy quiero hablar de aquellos mitos que hacen que cada vez respetemos menos la infancia en general.
Si el nene hace un berrinche en público es un malcriado, si llora mucho es un manipulador, si lo tenemos mucho en upa se mal acostumbra, si, si, si…
Antes de seguir con esta reflexión-mezcla de catarsis- quiero comentarles una anécdota singular que pinta de pies a cabeza la incongruencia del sistema escolar. Cuando T. ingresó a salita de 3 (y ahora se me arruga el corazón de pensar lo pequeño que era) como es costumbre en los jardines hubo unas  semanas de adaptación a las que él parecía adaptarse sin problemas. Recuerdo que cuando lo inscribí era Noviembre y me habían advertido que de no dejar los pañales para el comienzo de clases no iba a poder iniciar el ciclo. Me pasé todo el verano buscando maneras para que eso pasara, incluso me preocupé mucho comparándolo (horrorosa actitud) con su hermana que los había dejado poco antes de cumplir los dos. Afortunadamente se ve que mi hijo se apiadó de mi y dos semanas antes, ¡sí dos!, logró dejarlos.
Por ese lado no hubo problemas salvo que por las noches se orinaba aun cuando tenía la precaución de pedirle de ir al baño antes de dormir. Y aun sigue pasando bastante a menudo. Me pregunto si aunque es normal, según he leído, que hasta los seis años les pueda pasar, no será un poco por la manera en que los dejó que ahora le cueste realmente contenerse por las noches sin importar cuánto líquido bebe o si va o no al baño antes de dormir. ¿Será que conscientemente tuvo el tiempo de aprender a aguantarse o pedir pero inconscientemente no?. 
Entiendo que la escuela no es una guardería y que si cada maestra debe cambiar pañales estarían más fritas de lo que están; pero ¿no es insólito que no se le pueda ni respetar los tiempos de una función biológica totalmente relacionada, en los casos normales al menos, con la madurez de cada uno? Imagínense entonces cuando al mes nomás de comenzar las clases nos solicitaron una entrevista a mi marido y a mí para hablar sobre lo que trataré de sintetizar más o menos así:
T. en la salita de juegos durante las pasadas vacaciones
informarnos que T. era “demasiado independiente” y que no respetaba los tiempos ni de la maestra ni de los demás niños, que si se sentaban a merendar el merendaba pero luego se levantaba para tomar un libro y leer o jugar con los bloques, que si iban al parque luego no quería irse de allí, que si la maestra le pedía a Juanita prender la luz él presuroso se levantaba a hacerlo él, que si terminaba una canción que estaban escuchando él se levantaba a apagar el stereo sin que la maestra se lo pidiera, que había que explicarle algunas cosas dos veces porque era un tanto “distraído”. Le pedí a la maestra que me explicara entonces cuál era realmente la función de pasar por salita de 3. Me respondió que adquirir “ciertos hábitos” que  en realidad se traduce a  “adquirir los hábitos necesarios para el colegio”, no para él o para la vida en general porque después de todo eso se aprende en casa y con tiempo.
Ya por entonces me sorprendió cuánto exigimos muchas veces a los niños ser más adultos que niños en sí, que no tenemos la paciencia como sociedad de dejarlos ser. Es el colegio el que nos ha hecho olvidar lo que es ser niños
Yo, que muchas veces soy más lerda para entender, salí un poco molesta; mi marido ¡salió encantado!, cuando le pregunté qué opinaba de la charla en la que mucho no había opinado, me espetó claramente: “la tipa es una boluda total, ¿no pasó un mes y se queja de esto?. Cada día amo más a mi hijo, el enano es un personaje y estoy feliz que así sea, que se lo aguante”. Y le tuve que dar la razón, después de todo le había preguntado a la maestra si pegaba o si era irrespetuoso o si se manifestaba violento. A todo me dijo no, al contrario que era “encantador, muy comprador” y que por eso había que tener cuidado porque (y cito textual) “los chicos así saben muy bien lo que quieren y cómo conseguirlo“. 
También, entre otras cosas, tuve que aguantar que pusieran en un informe que mi hijo tenía problemas de dicción, cuando pregunté porqué ya que no lo había percibido pronunciando fonemas con dificultad, me explicaron que era porque hablaba en neutro. Pero eso ya da para otro tipo de reflexiones.
Volviendo al tema de la enuresis, es cierto que no es muy grato cuando tu hijo duerme con vos. Más de una vez me sentí realmente irritada de tener que levantarme a mitad de la noche a cambiarlo junto con todas las sábanas, orear el colchón, etc. Pero una mañana en que me levanté temprano porque escuché ruidos en la pieza de los chicos y T. no estaba a mi lado, me quedé estupefacta viendo cómo él solito estaba cambiandose de ropa y llevando al lavadero la que se había quitado. Tuve sentimientos encontrados porque por un lado me sentía culpable, sentí que él había preferido cambiarse solo sin despertarme a arriesgarse a escuchar a mamá quejarse por lo bajo; por el otro me cayó la ficha de ver cuán independiente realmente es. Mi marido no se cansa de contar cómo T., cuando aun ni caminaba se había dado a la tarea de gatear hasta una silla, empujarla hasta un mueblecito y treparse a ella para agarrar un juguete. 
Una mirada humorística al colecho
Cuando comenté cierta vez lo de T. orinándose por la noche en el cole en el que trabajaba, estando la psicóloga del colegio encima, todos se quedaron anonadados de que durmiera con nosotros teniendo, en ese entonces, 2 años y medio. Les conté que R. había dormido casi hasta los 5 y, medio entre risas, que si no fuera seguramente por el hermano que en cierta manera la desplazó (T. suele patear y golpear a gusto cuando duerme) seguramente seguiría durmiendo con papá y mamá. Otro tanto me había pasado con familiares y amigos. Pero acá la cosa fue diferente, ni me preocupé de lo que me decían, de que era terrible, de que le estaba marcando dependencia a mis hijos, de que no era sano; yo lo único que tenía en mente es que desde que nacieron si me necesitaban ahí iba a estar y que si de por sí la noche no suele ser nada agradable para muchos adultos, ¿por qué iba a exigirle a una criatura que se enfrente solo a ella?, eso sin contar que tuve siempre en mente un sabio consejo que me dio cierta vez una prima en cuanto nació R. “disfrutala ahora que es chiquita porque de grande no te va a dar más bola!”, claro que esto es discutible pero no deja de ser una gran verdad que las necesidades que pueda satisfacerle ahora no serán las mismas que cuando sea grande. 
Es una gran alegría que justamente esta semana me haya cruzado con este artículo de Laura Gutman sobre los niños que duermen con sus padres, y es genial que se de difusión a este tipo de cosas más allá de las modas que pueden existir en cuanto a prácticas (como lo fue en su momento que si boca abajo, que si boca arriba, que si de costado). Es importante porque estamos olvidando lo que es realmente un niño, qué necesidades tienen. A ver si nos damos por enterados finalmente que los niños no son adultos y que tardan en serlo y que cada uno tiene su ritmo y hay que saber respetarlos. Con esto no digo que los niños deberían dormir con uno hasta los 15 o dejar que se orinen hasta los 18, vamos, que digo que tampoco es sano estar todo el tiempo detrás de ellos exigiéndoles cosas, a veces, por nuestra propia comodidad.
Ningún hijo es igual a otro, esto creo que todos estamos de acuerdo, y por ende estoy cada día más convencida que con T. debo jugar mucho más que preocuparme por si ya escribe o pinta dentro de la línea o si se sabe contar de corrido hasta el 20. Después de todo cuando menos lo pienso lo tengo jugueteando con la calculadora de mi celular mostrándome cómo sabe los números, qué bien los identifica, como pasó anoche. 

9 Comentarios

  1. Avatar loreart 9 mayo, 2013 en 8:58 pm

    Hola Paula!!! muy bueno tu articulo, me encanta cuando haces catarsis jajaj no enserio es que muchas veces me veo reflejada en los mismos.
    Lo de la maestras es atroz!!! yo no sabía que pedían eso en sala de 3, pues como nosotros ni locos las pensábamos mandar al jardín hasta que lo abrieron en el campo, no lo sabía.
    Nosotros gracias a Dios las sacamos a tiempo, pues hoy en día ya me veía con mil informes y charlas de psicopedagogas por mi nena del medio que hoy tiene 5, pues es super distraída, pero con las cosas que ella realmente quiere se pone las pilas y cuando arranca arranca, cada chico tiene su tiempo, la más chiquita de 4 es un avión.
    Muy bueno el artícula.
    Un beso enorme.
    Lorena.

  2. Avatar Anonymous 9 mayo, 2013 en 5:47 pm

    Hola Pola!!!! Genial y hermoso tu artículo!!!! Tengo dos varoncitos,de 3 años y 8 meses, y con ambos practicamos la crianza con apego, me encanta Laura Gutman,y, a pesar de “la opinión de todos”, no mandamos al jardín al mayor y respetamos sus tiempos para dejar los pañales,qué aún usa… Pareciera que el Homeschooling es la continuidad natural de este proceso…. Y,a pesar de los juicios de valor de familiares,conocidos y amigos, con mi esposo seguimos firmes respetando los tiempos de nuestros hijos, lo que nos da como recompensa verlos crecer sanos, alegres y felices…. Muchos cariños!!! Natalia

    1. Avatar Paula 9 mayo, 2013 en 5:54 pm

      Natalia! lo bien que hacen!!! si tan solo me hubiera puesto fuerte al tener la nena y no dejar llenarme la cabeza de huevadas que después, claro, uno repite sin darse cuenta con el que sigue. Ahora los veo tan cambiados para bien, tan felices y disfrutando, tan contentos con lo que hacen que ya nadie me convence de lo contrario!

  3. Avatar Eugenia 8 mayo, 2013 en 6:02 pm

    Bueno, como catarsis, puedo decir que prácticamente palabra por palabra, podría ser la historia con mi primer hijo. En mi caso, en lugar de enuresis, encopresis por apurarlo para que entrara en salita de tres. Ahora me río de los consejos o los evito (con la lactancia de mi tercer hijo, el colecho -temporal-, la comida, y ahora el homeschooling). Somos víctimas de la estandarización llevada al extremo.
    Buenísima la actitud de tu marido! genial jaja!! qué bueno saber leer lo positivo!
    Ahora ando buscando apoyo (léase, artículos que me animen) para andar el camino del HS tranquila y evitando compararnos con chicos escolarizados. No sé, hay como una insana costumbre en elogiar a un niño por lo rápido que es en algo (gateó a los tantos, caminó a los tantos, aprendió a leer y escribir a los tantos…) y te perdés de disfrutar la vida en sí (viste, si no entra en los estándares, sonaste).
    Gracias Pola por compartir.

    1. Avatar Paula 9 mayo, 2013 en 12:13 am

      Euge, al menos no me siento tan sola! todo el verano sintiendome mal por romperle las guindas pobrecito para que saliera de los pañales y menos mal que no me tocó con mi hija, porque ella sí fue todo un trauma tratar de ir de cuerpo, lloraba, le daba como miedo.
      Y es cierto lo que decís, que al final terminamos perdiendonos de disfrutarlos por un montón de cosas ajenas al verdadero núcleo. Eso de compararlos es de terror! me ha tocado presenciarlo incluso en secundaria en mesas de examen como fiscal donde una profe de matemática le dijo a un chico (textual) “tus viejos rompieron molde con tu hermano porque no te pareces en nada”, claro! imaginate el hermano todo diez y si a este lo viven comparando obvio que iba a tomar el papel del vago. Ese chico no sabés lo divino que era conmigo y qué reverendo guacho con otros profes que lo vivian desestimando todo el tiempo!! de terror realmente

  4. Avatar Silvana 8 mayo, 2013 en 12:18 am

    Hay Paulita, casi me muero muerta!!!!! con eso que les dijo la “tipa”, esa, porque otro nombre no me cabe… de que había que tener cuidado porque T sabía bien lo que quería y cómo conseguirlo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    aunque me parece que esa Sra, también sabía que lo que quería, que era QUEDAR COMO UNA PELOTUDA, y supo perfectamente como conseguirlo no?
    Excelente artículo amiga. Adhiero totalmente con tu pensar.
    Como otra madre que como vos, he aceptado el co-lecho como algo hermoso en mi vida, jajajaj, lo único que nos da la verdadera chapa de “padres”, es justamente estar ahí, presentes siempre para entender y querer comprender a nuestros hijos. Ellos saben que siempre estamos, cuando y cómo nos necesitan y eso es lo único que recordarán cuando sean grandes, aunque muchos que se esfuerzan por “enseñarnos a ser padres”, justamente lo que no hayan hecho es eso de SIMPLEMENTE ESTAR!!!,
    Perdón por la lata… me enfervoricé con la falta de entendimiento de las cuestiones más básicas inherentes al ser humano, que padecen los que tienen “mucha escuela”, jajaja.
    Felicitaciones de nuevo.
    Muy pero muy buen Artículo.
    Te quiero mucho
    Silvana

    1. Avatar Paula 9 mayo, 2013 en 12:05 am

      Totalmente! encima en esa entrevista en un momento con mi marido no pudimos evitar mirarnos y sonreirnos un poco porque lo conocemos a T. y no va que nos agrega que “está bien que nos de gracia ciertas cosas que los chicos hacen pero que había que ajustar ciertas cosas en casa” agrrr mejor no me sigo acordando porque me tilda el ojo jaja

  5. Avatar Dialoguista 7 mayo, 2013 en 9:27 pm

    Cada post me encanta!!! Hace rato que no pasaba y veo tantos por leer!!! Yo estoy en un momento típico de “qué estoy haciendo mal”, porque mi hija no cumple normas, no se concentra, no acepta reglas. En fin… al preguntar si entiende o no, todos dicen que es muy inteligente, que el problema es madurativo pero no cognitivo. Algunos dicen que no tiene límites, otros que tiene muchos. Algunos que tiene que separarse más de mi, yo creo que tengo que dedicarle más tiempo. Hasta me han dicho que puede necesitar jornada simple y no completa. Y SIII, ¿para qué todas las escuelas medianamente buenas son de 8 horas diarias? yo también perdería la atención!!! Llega a casa cansada, a las 8 esta que se duerme. Juega menos de lo que estudia ¿eso esta bien???
    En cuanto a los pañales. ¿qué cosa discriminativa y además fuera de toda psicología infantil es dejar afuera del jardín a un chico que no controla esfinteres??? Dos de las cosas más importantes es no apurarlos ni al destete, ni a no hacerse encima. ¿no saben eso las maestras de nivel maternal? La verdad me da bronca que pidan ese tipo de cosas. T va a controlar todo cuando pueda y quiera, ni antes ni después, aunque a las maestras no les guste.
    Un Abrazo!!!
    P.D.: Vengo acá y hago catarsis!!!

    1. Avatar Paula 7 mayo, 2013 en 11:36 pm

      Y hacés bien! haga catarsis nomás que este post también lo hice como mi propia catarsis jaja. No sé qué decirte con respecto a tu nena Dialo, para mí ahora todo es anti escuela! yo te gritaría sacala de ahi, dejala vivir, cultivale lo que le gusta, que sea feliz que ya va a tener en la vida tiempo de responsabilidades varias que la dejarán de cama! pero eso es decisión de cada padre y madre…