Los adolescentes y la lectura

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Si bien mis hijos son pequeños aun, el tema de la adolescencia y la lectura me llega muy de cerca gracias a mi trabajo docente. Para nosotros, los profes de lengua, es todo un tema la lectura… porque a los chicos les “aburre” leer. Por ello, y a pesar que mucho se ha escrito al respecto, acá vengo a dar mi humilde parecer al respecto, sobre todo luego de recibir vía formulario de contacto, la consulta de Erica cuyo mensaje pueden leer en esta captura.

Creencias

Por lo general suele escucharse que los adolescentes no leen, que los adolescentes no entienden lo que leen, que cada vez escriben peor, etc. Si bien esto encierra una gran y lamentable verdad no hay que generalizar. Existen dos grupos básicos de jóvenes: los que tienen el hábito de leer, los menos, y los que no, la mayoría.
Por supuesto que aquellos que sí tienen el hábito de leer tienen menos dificultades de todo tipo: para estudiar, para comprender consignas, para expresarse, etc, de aquellos que no la tienen; sin embargo habría que puntualizar primero qué pretendemos con el término “leer”, ¿queremos que lean literatura?, ¿queremos que lean el diario y se interesen por la sociedad y mundo en el que viven? , o simplemente ¿queremos que lean algo y lo entiendan? Tanto como mamá como docente, mi aspiración ideal sería todo eso junto, pero hay que separar las aguas.

La comprensión

No hay otra. Para que un niño o joven- y los adultos obviamente- puedan entender un texto sin problemas deben ejercer desde hace un buen tiempo el hábito de la lectura. Si la lectura es variada, textos literarios como no literarios, mejor pues el proceso de abstracción muchas veces viene dado de la posibilidad de tener una lectura variada. La mente es parte de nuestro cuerpo y así como muchos mantienen línea yendo a un gimnasio o practicando deporte, el leer nos da mayor tonificación y fortaleza no solo a nuestro intelecto sino también a nuestra percepción del mundo y por ende a nuestro ser interior.
Lo ideal es que los niños nazcan con la idea de la lectura, que nos vean leer a nosotros, los papás, a algún adulto de referencia como los abuelos o tíos o los propios hermanos, que vivan la literatura de la mejor manera. Y cuando digo de la mejor manera es que no simplemente nos vean leer sino disfrutar de lo que leemos, que nos vean interesados por ese objeto (hoy un libro, una revista, una PC o una Tablet) y lo que nos transmite y provoca. El niño hace lo que ve y el ejemplo aunque no se lo inculquemos directamente lo absorben como la esponja que son.

 

Inspirar a la lectura

Pero el problema que nos comenta Erica y que tienen muchas mamás es el que nos compete en este artículo y la culpa, reconozcámoslo, es un poco compartida entre la familia y la escuela; esta última quizá un poco más que los primeros. Veamos.
Puede haber una familia que incite a la lectura pero la gran verdad es que una vez que el niño pasa por la experiencia escolar, cuanto más le dan para leer en la escuela menos gusto le va dando  leer. La explicación más simple es porque en la escuela, salvo algunas contadas excepciones, no nos inspiran a leer sino que nos obligan a hacerlo. Nos imponen las lecturas que debemos “disfrutar”, las fuentes que debemos consultar y la manera en que debemos abordarlas; además la forma que posteriormente se tiene para “trabajar” sobre lo leído son realmente muy tediosas y demasiado “frías”, si cabe el término.
Por supuesto que muchos docentes apelan a distintos recursos para poder generar el gusto por la lectura, pero el tema es que el sistema conduce a que para poder evaluar una determinada habilidad las mecánicas son bastante impuestas; todo esto sin contar con los tiempos tiranos para poder disfrutar de una buena lectura como de los ambientes nada estimulantes para hacerlo.
Cuando hablamos de adolescentes la cosa se empeora porque los docentes de secundaria recibimos personitas que han pasado por unos 6 o 7 años de lecturas impuestas, que no se condicen con sus intereses, a las que no han podido elegir, etc.
 [bctt tweet=”Pasos para estimular la lectura”]
A esta altura voy a tomarme el atrevimiento discriminatorio de responder entonces a las familias que educando en casa recientemente tienen la misma inquietud que Erika, hecho por el cual no quito que les sirva al resto de los mortales.

1. No desesperarse

Si nuestro hijo o hija adolescente no siente interés por leer, lo peor en esta edad es atormentarlo con que debería hacerlo. Lo mejor es conocer los gustos que tienen nuestros hijos y encontrar material referente a eso que los atrae. Pueden ser revistas, artículos que hallamos en internet, libros al respecto o novelas que de alguna manera se relacionen a ese tema. Supongamos que pareciera que nuestros hijos varones no tienen otro interés que el famoso fútbol pues desde el mangá de campeones  o la misma revista Olé, hasta los maravillosos cuentos del negro Fontanarrosa o Eduardo Sacheri pueden ser una puerta a que de a poco agarren interés por la lectura.

2. No discriminar, dejar elegir

Así como a alguien que es reticente a probar platos nuevos no se le obligaría a comer ranas asadas o sushi, a quien no gusta de tomar un libro no se le puede imponer la literatura de buenas a primeras. Ese es el error más grave del colegio, suponer que a los 15 o 16 años puede tenerse el bagaje y madurez necesario para valorar algo tan maravilloso como El Quijote, el Martín Fierro o El Cid Campeador. Como caso me pongo a mí misma. En la escuela, teniendo pasión por la lectura, leía libros prestados de la biblioteca mientras que los clásicos que me daba la profe solo corrían por mi vista en resúmenes o estudios de libros que hablaban de esos textos. Martin Fierro, El Cid y el Quijote los adoré de grande, en mi paso por el profesorado y después de otros clásicos más acordes a mi edad de la colección Robin Hood como Tom Sawyer, Mujercitas, Sandokan y la serie de Ana de la Pradera.

He sido testigo cómo una colega en pleno auge de El Señor de los Anillos leía a Tolkien con una falsa cubierta para que sus alumnos no la vieran. Según ella quería “criticar con conocimiento de causa” a ese autor que gracias a la saga de Peter Jackson había recobrado popularidad entre los chicos y que se lo pedían a rabiar para leer en clase, sin embargo con lo de la cubierta ella misma ya había dado su veredicto sobre si iba a considerar leerlo o no y sobre qué es buena literatura o no lo es. En el 2012, y luego de ver cuánto me había entretenido la saga de Los Juegos del hambre, me dio por sugerirlo en clase y a pesar de ser literatura que muchos podríamos etiquetar como “comercial” o “de verano” pues pegó mucho y a partir del entusiasmo de dos o tres que le dieron una oportunidad ya todas se peleaban porque se los prestara, algunas sin poder esperar lo compraron y no el primero sino los tres de la trilogía.

3. Dar el ejemplo

Este año además no solo me vi entretenida por la saga de Collins sino que gracias a la serie de HBO, Juego de Tronos, me prendí con la lectura de la saga literaria. Estoy hablando de 5 libros (más dos que faltan aun que el autor termine y edite) de unas aproximadamente 1200 páginas de promedio. Mis alumnas viendo que traía de acá para allá esos libracos y seguramente visto y considerando que los juegos del hambre habían sido buena sugerencia de mi parte, se vieron intrigadas por esos tomazos que acarreaba y al verme entusiasmadísima con la trama de más está decirles la sorpresa que me llevé de ver unas semanas más tarde con el primer tomo entre las manos leyendo concentradísimas en clase a dos de ellas. Admito que esto me dio un poco de desasosiego ya que no es una obra como para niñas de 12 años pues contiene por momentos pasajes realmente violentos y un tanto subidos de tono; pero qué puedo hacer si se los había anticipado lo cual, creo, fue mi error real pues terminé sembrando la adrenalina de lo prohibido. 😅

 4. Sembrar, respetar y esperar

Como decía más arriba, es elemental conocer a nuestros hijos y quizá no les guste leer, lo vean aburrido o demasiado “pasivo” por lo que habrá que ver si de pronto no les gusta otras formas de “leer”. El cine es uno de esos recursos que muchas veces luego nos llevan a la lectura. El respetar que elijan lo que quieran leer así sea comics o revistas especializadas y no literatura en sí puede prendernos la lamparita o darnos la oportunidad de más tarde llevarlos a la literatura. Como ejemplo les doy a un primo mío, amante desde adolescente de la música y la guitarra. Según mi tía iba a morirse de hambre como músico, se la pasaba tocando la guitarrita y escuchando jazz y blues; sin embargo hoy es un hombre hecho y derecho que tiene una familia maravillosa y que no solo vive de la música con su propia escuela sino que ha llegado a ser una referencia del género en Argentina y ha tocado junto a nombres resonantes como David Mayers o B.B King. Hoy es un tipo que puede apreciar el valor de la poesía, gran cinéfilo y lector. Lo cual me lleva finalmente a:

 5. Escuchar sin juzgar

Tengo una alumna sumamente apasionada por el mangá japonés. Lee cuanta serie sale y está al día con todo lo que tenga que ver con este género literario- que lo es, vamos. Me comentaba lo mucho que quería asistir a alguno de los encuentros y festivales que los locos amantes del animé suelen hacer cada tanto en Capital pero como nadie de su familia la acompañaba en eso ni tenía amigos con quien compartir ese interés pues ahí se quedaba con las ganas. El escuchar a nuestros hijos es importante y sobre todo no juzgarlos. Hacer sentir a nuestros hijos como frikis o mediocres por las inclinaciones e intereses que puedan tener es el paso seguro a un futuro adulto desanimado, abúlico. En el escuchar está la clave para conocer los intereses de nuestros hijos y en poder sembrar, como decía más arriba, intereses superiores. Un joven que adora la fotografía o el cine o la música pero no leer, si tiene un interés específico y se le da a conocer la herramienta correcta se interesará más tarde o más temprano por la literatura gracias a algo tan elemental como la intertextualidad.
 ¿Ustedes eran ávidos lectores de adolescentes? ¿Tienen hijos lectores?

OriginalmentepPublicada el: 10 Ene de 2013 @ 17:01

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Paula Lago
Paula Lago
Madre de dos bellezas que se educan en casa desde hace 5 años. Ex docente, independiente, autodidacta y curiosa. Desde que inicié este camino mi vida ha cambiado rotundamente.

5 Comments

  1. Elisa Alòs dice:

    Tienes mucha razón, Pola. Uno de mis mayores interrogantes es ¿por qué en la escuela no se leen ‘clásicos’ como Los viajes de Gulliver, Mujercitas, La cabaña del Tío Tom,…? Uno de los grandes problemas es que el espacio necesario para leer los libros ‘que se obligan a leer’ impiden tener tiempo para elegir. Es un aspecto que yo realmente cambiaría. Saludos!

    • Paula dice:

      Exacto! no solo eso sino que prejuzgan estúpidamente el hecho de que como los adolescentes no leen y jamás lo harán entonces mejor que el quijote lo lean en la escuela para que luego no digan que les falta cultura! pero claro, con ese pensamiento los chicos jamás tampoco leerán porque no tienen ni la afinidad ni la madurez ni mucho menos el hábito hecho de valorar un clásico de esas características!!

    • Elisa Alòs dice:

      Si al menos fuera El Quijote… creo que aún sería mejor. Convergemos hacia la alergia a la lectura! Y eso es la base de la ignorancia y de la falta de espíritu crítico. Saludos!

  2. Dialoguista dice:

    Este es un post para el aplauso!!! Estoy taaan de acuerdo con vos!!! La verdad es que da para hablar mucho de este tema, así que espero más post.
    Te cuento que a mi siempre me gustó la lectura, pero nunca leí mucho, quiero decir, nunca leí mucho los grandes libros jajaja Pero siempre me gustó mucho escribir, y leer poesía. Y, ahí vamos con la importancia de cómo aborda una profesora el tema. Tus alumnas seguramente te recordarán siempre por esos tomos que leyeron, como yo recuerdo a mis profesoras de lengua y literatura. Tuve la suerte que ambas fueron excelentes, distintas, pero excelentes ambas. (aclaro de además adoro los análisis de oración jajajja así que Lengua también me fascino). Pero lo que más destaco de ellas, es la clase de libros y actividades que nos daban. Una de ellas nos dió un libro (que adoraría recordar el nombre), muyporteño, muy de tango, muy lunfardo, con actividades que para mi eran super creativas comparadas con todas las demás materias. La profe de HIstoria, por ejemplo, era de las de “lean de la págna 3 a la 50” la próxima clase ha lección, jajaja será por eso que recién de grande me importó algo la historia, cuando descubrí que era algo más que esos libros tediosos.
    La otraprofe, esta de Literatura, era una hippie divina, que nos hacía hacer obras de títeres, nos llevaba al cine, una grosa. Con ella leimos libros que después volví a leer en la facultad de Letras.
    Mucho tiene que ver el docente que tengas, y hay qye saber encontrarle la vuelta.
    Como me dijo un día alguién ¿los adolescentes no leen? si leen subtítulos de películas durante las dos horas que dura la cinta? eso también es leer!!!
    Y ya para terminar que estos temas me apasionan y me vuelvo cansina jajajjaa te digo y te repito y te lo voy a seguir diciendo siempre, adoro este blog, aprendo, disfruto como loca leyendolo, así que dale para adelante!!!

  3. El dice:

    Estoy de acuerdo, la lectura debe fomentarse ante todo con el ejemplo ¡No hay nada peor que cuando te imponen algo que no te gusta!

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