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Estamos criando bichos raros?

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El sábado pasado fue el festejo anticipado del día del niño en un club de la zona organizado por el sindicato gastronómico. La verdad al principio no teníamos mucha onda de ir pero lo hicimos porque según E. había que hacer «acto de presencia, buena letra» y ahí nos mandamos con los chicos. Cuando llegamos había bastantes familias aunque honestamente mucho menos de lo que esperaba.

Entramos a un gigantesco salón donde había inflables de todos los tamaños, un enorme escenario con pantalla gigante, cola kilométrica para pintarse la cara, otra más corta pero terriblemente desordenada para hacerse de la comida y bebida gratis y, por supuesto, un montón de niños corriendo por todas partes. TO enseguida se descalzó y se metió a saltar a uno de los inflables mientras RM miraba todo con cara de dormida y aburrida, ahí me di cuenta cuánto creció en este corto año que aun no acaba… la miré más de una vez pensando «Dios Mío! pero si está enorme!»

Mientras él saltaba y E trataba de conseguir algo para beber, mi hija  y yo estábamos atentas a TO y al sorteo que se estaba llevando a cabo. Luego mi hijo se cansó y decidimos todos salir un rato afuera ya que el día estaba bellísimamente soleado y no hacía mucho frío. Había otras tantas familias y niños en la mini placita de la puerta del gimnasio, un muy bonito espacio con árboles, flores y troncos donde sentarse. En un momento TO descubrió un caracol y se puso a inspeccionar con cuidado, pensó que estaba muerto pero con un palito pequeño tocó la viscosidad escondida y apareció el bichito. Enseguida lo colocó en la tierra, luego sobre una ramita, finalmente volvió a tomarlo, de nuevo al piso a ver si caminaba y otra vez al verde para ver si comía.

Y de pronto se acercó a un grupo de niños que jugaban con una pelota pequeña y entusiasmado les decía que fueran a ver al caracol. Les comenzó a contar que se había dado cuenta que no estaba muerto sino escondido porque al estar panza arriba el sol le hacía mal y que entonces lo había puesto en las ramas para que comiera y se hiciera más fuerte, que había dado resultado y…. los chicos lo quedaron mirando como si hablara que de pronto había visto un extraterrestre bajar del cielo en una nave plateada. Cabe destacar que eran niños de no más de 7 u 8 años, o sea, prácticamente de la misma edad que él. Al principio se me estrujó un poco el corazón porque me empecé a dar cuenta de las diferencias entre esos niños totalmente desencantados, que jugaban a la pelota con cara de aburridos, que incluso casi no se hablaban ni se miraban entre ellos como haría cualquier niño que juega a la pelota en un potrero y mi hijo que estaba encantado con su descubrimiento. Mientras TO volvía al caracol de lo más entusiasmado y lo miraba y toqueteaba para ver cómo respondía, yo me fui por las nubes pensando…

¿Estamos criando bichos raros?

Me acordé inmediatamente cuando en nuestro primer año de educar en casa cierta vez vino una amiguita de RM de visita y ella estaba entusiasmadísima haciendo una Lapbook sobre constelaciones. Después de saludarse la invitó al instante a que se le uniera en la tarea y comenzó a contarle qué era una lapbook y qué podían agregarle y demás. Su amiga no la dejó terminar de hablar, con una mirada de fastidio le espetó tajante «¡qué aburrido!»

Mi hija la miró con cierta condescendencia y le preguntó entonces qué tenía ganas de hacer a lo cual batiéndose de hombros la otra le dijo que no sabía. Ya entonces me había dado cuenta de las diferencias que mis hijos iban a tener con otros niños, pero no fue hasta el sábado pasado que presenciando lo que les cuento y recordando lo de mi hija me di a pensar seriamente si educar en casa es un poco criar una generación de aliens.

Y la respuesta fue hiper afirmativa pero en vez de angustiarme por el hecho de si podrán o no entonces entablar amistades con intereses afines, me sentí realmente aliviada. Después de pasar 20 años enseñando en secundario viendo cómo año a año cada vez más se veía la apatía general de los chicos en todo sentido, desde las materias a estudiar obviamente, hasta la música que tenían cargada en el celular; la verdad me sentí aliviada de estar criando bichos raros. Me sentí aliviada sobre todo porque me di cuenta que tanto RM como TO no se amilanaron para nada con la reacción de los otros, que no necesitaban «encajar» ni sentirse «aceptados». Advertí que ellos tienen y tendrán mucha más vida que esos chicos y que de una u otra manera, tal y como me lo viven demostrando, encontrarán siempre con quiénes compartir sus entusiasmos y pasiones. Me sentí aliviada de que realmente tengan pasión por las cosas.

Me sentí aliviada de ver que TO al no obtener respuesta entusiasta por parte de estos niños inmediatamente se acercó a un muchacho que estaba sentado cerca para contarle sobre el caracol y posteriormente vino conmigo a seguir hablando y haciendo preguntas sobre él. Todo esto con el mismo entusiasmo, sin fastidios ni penas.

No voy a mentirles, no hace mucho RM me planteó que juntarse con una de sus ex compañeritas del cole no le atraía como idea cuando se lo propuse porque básicamente «no tenía de qué hablar con ella». Estuvimos hablando mucho, le dije que se imaginara que si pudiera hablarle de cualquier cosa sin prejuzgar, de qué le gustaría que hablasen. Me nombró un montón de temas: que los juegos que ella suele jugar, de que va a empezar a aprender arquería y esgrima, de cosas que hemos leído en el libro de historia, etc.

Le expliqué que entonces no era que no tenía de qué hablar sino que tenía miedo de que su amiguita reaccionara igual que la otra aquella vez. Como pude traté de explicarle que no era ella la que estaba mal,  que eso no significaba que quizá no podrían encontrar intereses en común. Con esto me di cuenta que mi hija sale bastante a mí y que muchas veces, casi la mayoría, no siente la necesidad de estar con otros de su edad, que disfruta mucho haciendo las cosas que hace y que cuando se le da por querer estar o compartir con alguien más me lo pide sin problemas.

Yo era, y sigo siendo, exactamente igual. A su edad y en mi adolescencia yo también fui un bicho raro y no por eso estuve sola o no tuve amigas. Simplemente la vida me fue haciendo conocer un montón de gente hasta que, como todo en la vida, quedaron los que me aceptaron tal cual soy y con los que disfruto a rabiar pasar mi tiempo porque no tengo que andar fingiendo ni encajando con nada. Sé que puede parecer que me pongo en una especie de nivel superior pero, qué quieren que les diga, cuando a veces veo la depresión con la que viven ex compañeras de colegio o amigas mías porque realmente se sienten viejas o no saben qué hacer cuando están en la casa o termina la hora de su trabajo, realmente  me siento genial de sentir que no me alcanzará la vida para hacer todo lo que quiero.

Y espero que mis hijos crezcan para sentirse de la misma manera.

Paula Lago

Ex docente, siempre autodidacta y curiosa. Desde que inicié este camino mi vida ha cambiado rotundamente; me ha re-conectado con mi propio entusiasmo por el aprendizaje.
Amo la fotografía , la música , la literatura.
Ah! , también leo el tarot

7 Comments

  1. Y si, Pau… Claro que estamos criando bichos raros! Porque están aprendiendo desde la experiencia directa y guiados por sus propias curiosidades, siendo alentados y respetados en todo ese proceso, lo cual no es moneda corriente si estamos sumergidos en este sistema en el que se pretende la “desconexión” de uno mismo con su ser esencial, con sus intereses genuinos. Hermoso artículo y bellísimas las fotos!! Gracias por compartirlas! Beso gande

  2. Si felices! Me encanta! No es necesario buscar afuera cuando en casa podemos aprender, explorar y ser verdaderamente felices! Tengo cinco niños y cuantas cosas para enseñar y aprender! (¡¿que sociabilizacion!?) Y lo que sucede con estos niños «estructurados» es que si no van o hacen a donde la mayoria va no saben para donde salir.. claro que es parte de hacer girar la vida sobre este sistema que se quiere imponer.. y asi los padres nos alejamos de nuestros hijos sin conocer sus gustos, sus intereses, sus habilidades y miren como repercute en el futuro al ver adolescentes, jovenes que no saben lo que quieren, tienen miedos, fracasan…
    Y si es buena la amistad pero en estos dias, bien seleccionada!!

    • @Fla totalmente. Creo que lo elemental es, como en todo, escuchar, conocer y respetar a nuestros hijos porque no todos piden lo mismo. En mi caso particular, cuando era chica como contaba arriba era ya medio bicho raro desde el punto que no me atraía salir a bailar, pintarme e ir a la peluquería (aunque lo hacía con amigas muchas veces), etc. Era la típica piba que le fascinaba leer, pintar, juntarse a tomar mate en casa de otros o que viniesen a la mía, a lo sumo la típica salida a Pumper Nic (uyyy tiré el DNI en la mesa jaja) y recuerdo que mi mamá a veces se preocupaba porque yo declinaba varias invitaciones para salir de mis amigas o compañeros del cole. Pero fijate qué irónico que mis viejos tampoco eran de tener amistades o salir todo el tiempo, eran muy familieros y eso uno lo mama también. No está ni bien ni mal mientras uno se sienta bien, sea feliz.
      @Débora, por supuesto que la escuela tiene muchísimo que ver porque reafirma ciertos patrones y porque realmente no enseña a socializar o aceptar la variedad como a uno le gustaría, pero en este sentido la verdad no sé si toooda la culpa es del cole porque muchas veces los chicos escolarizados que sí son bichos raros es porque en la casa evidentemente les transfieren también otros valores, otros intereses, se dedican los padres a cubrir necesidades como puede ser el satisfacer juntos el conocer otras cosas, indagar, etc; el problema es el chico que encima que le falta eso en la casa en la escuela va muerto de poder tenerlo, esa es la verdadera pena, creo.

  3. Muy interesante Paula! La verdad que yo siento que algunos padres estamos criando bichos raros estén o no escolarizados: lo que la escuela no les ofrece en torno a desplegar su natural curiosidad y capacidad de investigación, cuando se lo ofrecemos en casa, los hace una especie de bichos raros.
    Mis hijos muchas veces esperan ansiosamente llegar de la escuela para poner en juego estas habilidades y sumergirse en la búsqueda de nuevos conocimientos, experimentar con tiempo, probar… Qué bueno que los tuyos tengan el espacio y el tiempo para hacerlo! Eso es invalorable.
    Lo más importante de tu relato es esto: cómo la escuela aleja a los chicos de estas experiencias cuando en realidad debería ser quien los acercara.
    Te mando un abrazo!
    Débora

  4. Y siiii, claro que estamos criando bichos raros, adorablemente raros, interesantemente raros, porque ellos disfrutan y le sacan partido y experiencias a su soledad elegida. Yo a mis 42, también disfruto y me pierdo en las nubes suaves de mis pasiones, que sólo se pueden llevar a cabo cuando estoy sola. Sola si, pero jamás en soledad, ya que me siento muy llena de mi misma y me agrada mi propia companía. Mi hija de 15 hace lo mismo y pasa muchiiisimas horas sin salir de su cuarto, hasta parece que no existiera, sin embargo cuando sale es para compartir conmigo todo lo que ha hecho. Escribió dos novelas de aproximadamente 30 capítulos cada una, en 10 días. Está componiendo música y está explorando diferentes programas de computadora para hacer eso. Incluso se le ha dado muy bien por el diseño gráfico y el tratamiento avanzado de imágenes. Por cierto también es extremadamente nocturna, se queda toda la noche casi hasta la mañana y gusta mucho de trabajar a altas horas de la noche. No se le puede decir nada, ya que aquí una servidora, cuando era un poquito más joven era exactamente igual. Lo que sí se puede decir es que nosotras como ustedes, somos mayormente solitarias nocturnas muy felices y muy plenas. Es evidente que la soledad nos ha sentado muy pero muy bien. También está el lado lindo de los momentos en los que compartimos con amistades muy selectas con quienes nos identificamos mucho y disfrutamos el encuentro. Creo que esa amistad selecta con la que me gusta pasar muchas horas trabajando y hablando es con mi amiga Paula Lago. Tengo otras amigas, pero sinceramente no soy mucho de reunirme con ellas, Así que definitivamente somos bichos raros, criando otros más raros pero absolutamente felices.!!
    Un abrazo
    Silvana Gonella
    http://www.educandoconciencia.com.ar

  5. Y pensar q no hace tanto escribias x alli q a TO no le atraia la naturaleza!!! …que alegria me da todo esto q contas! Jajaja…..es espectacular ser «este» tipo de bichos raros y Si! , hay mas de esta especie…ya los van a encontrar…jejeje…

    • Siii Marina! te acordás? igual creo que cambió bastante ya con el viaje al sur y después cuando estuvimos en San Antonio de Areco me di cuenta que ya le empezaba a agarrar otro gustito a la cosa jajaja

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