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¿Y qué pasa cuando dicen a todo NO?

Solemos hablar mucho sobre los mitos del educar en casa apelando a las críticas o prejuicios que se le hacen: que si no socializan, que si no aprenden lo necesario, que si viven en una burbuja, etc. Sin embargo también existen mitos de los que no muchas veces se habla porque pareciera que entonces damos argumentos para aquellos que nos critican.

Hoy te vengo a hablar de uno de ellos: “seguir los intereses del niño” Este tema, un poco como pasa a veces con la crianza respetuosa, ha llevado a malos entendidos y yo soy un ejemplo de ello. Cuando confiamos en que todos los niños tienen intereses no es que estemos mintiendo pero estamos haciendo foco en solo una parte de la cuestión. Hay niños que aun con intereses definidos todo lo que les proponemos es un enorme NO. Rechazan todas nuestras ideas y el adulto, ya sea por miedo a presionar o traumar (otras muchas veces por frustración) deja de intentar propuestas.  Presionar no, pero un empujoncito…

Tirando del ovillo

Mi hijo siempre fue un niño que dijo NO. Á veces dijo sí pero con fecha  de vencimiento; por ejemplo pasó los controles médicos para natación y después no quiso ir a la primera clase. Taekwondo duró dos encuentros. El conservatorio, medio año (¡es por acá!) pero después de las vacaciones de invierno no hubo manera que quisiera volver. Adoró siempre jugar con masa, ¿alfarería?. ¡Dijo sí! Llegamos a los 3 meses, corría el 2021, hubo unos 9 días de encierro adicionales que en el caso de la escuelita de arte municipal se extendió a un mes y por supuesto que no quiso saber nada con volver.

Mi grado de frustración era inmenso porque desde que te conté lo de natación cuando tenía 5 años hasta las clases de alfarería que tenía 12, estamos hablando de unos cuantos años de escuchar a todo no. Finalmente el año pasado, ¡a sus 17 años!, dijo que sí a Taekwondo otra vez y por cuenta propia le agregó ir al gimnasio.

Cuando iba llegando mitad de año el profe empezó a insistir con que rindan el primer examen (son dos por año) para pasar el primer cinturón. Mi hijo no quería. Según él no era miedo sino que no tenía el traje, que salía mucha plata, que blablabla. El profesor vino a mí y me dijo lisa y llanamente: -Está más que preparado para rendir, yo quiero que sepas que de mi parte lo voy a presionar para que rinda. Y así fue, no lo presionó de la manera convencional pero a la clase siguiente mi hijo salió con un traje nuevo que le había traído el profe y el formulario a presentar para el examen. Para hacerte la historia corta, se presentó, rindió y le dieron su cinturón y su diploma. 

Ahí lo tenés en la foto, el único que mira a cámara mostrando con orgullo su diploma. A partir de ese momento se le metió en la cabeza que quiere ser profesor de Taekwondo. La alegría que tenía sinceramente nunca se la había visto en la cara como ese día.

Me atacó la madre culposa,  ¿por qué no supe  empujar un poco más antes? Y esto no se trata de que nos sintamos culpables, la verdad es que la maternidad mal que nos pese es un probar constante con las experiencias que a veces salen bien y otras mal. Sin embargo esto me lleva a pensar algo importante: ¿hasta donde no insistir puede generar un daño similar al de imponer sin que nos puedan cuestionar?

Las experiencias propias pesan

Yo vengo de una crianza donde me dejaban probar de todo y nunca terminaba nada y nadie me decía ni mu. A veces mi mamá ponía alguna que otra cara pero nunca se sentaba conmigo a ver por qué me cansaba de las cosas, por qué cuando algo me aburría enseguida lo dejaba, por qué me daba por vencida tan fácil. Quizá porque esto en su cabeza generaba alguna duda, me torturó con la colonia TODOS los años hasta que por edad no me pudo mandar más. Tenía 13 años e iba desde los 7 en vacaciones de invierno y las de verano. Todo mi tiempo libre ocupado en actividades que por supuesto dediqué mi vida entera a odiar : deportes, clubs, gimnasios, etc. Por supuesto que esta idea de que lo odiaba caló hondo en mi y me prometí que nunca iba a obligar a mis hijos a hacer alguna actividad que no quisieran.

Mi error fue pensar que el problema era que me obligaban cuando en realidad el problema era que nunca se sentaban a explicarme por qué era importante hacer deportes, mover el cuerpo, cuidar el cuerpo, hacer las cosas que me gustan, ser persistente, etc. Y acá es donde veo que a veces hacemos agua.

No la pasaba mal en la colonia, tenía amigos y , por momentos, era divertido. Simplemente no era una actividad que elegía yo e involucraba muchas horas, 4 como en la escuela, que eran demasiado para alguien que prefería estar en casa leyendo, escribiendo, dibujando o mirando la tele.

Me parece terrible que hoy en día solo tenga desarrollada la habilidad de preservar en el trabajo pero nunca para actividades que son para mi, que me hacen bien. Siempre hay algo más importante que hacer, y si hay algo que no quería era transferir eso a mis hijos. Me molesta mucho cuando encuentro que en ciertas cosas podemos ser bien sensatos y no dudar en imponer (sí estoy hablando de imponer) cosas que sabemos les hacen bien a nuestros hijos y son necesarias; pero dudamos terriblemente en otras.

Lavarse los dientes, comer sano, compartir, bañarse, ordenar la habitación, etc. son cosas que no dudamos ni un minuto y no negociamos; pero se nos estruja el corazón cuando nos miran mal ante una propuesta que hacemos. Y acá no estoy diciendo que a otras mamás les sale fatal y a otras genial, la verdad que si hay algo que tengo en claro es que cada niño luego juzgará sus propias experiencias. Tomen mi caso, mandarme a la colonia para mi significó odiar el deporte mientras que para otros niños significó el descubrimiento de un mundo extraordinario que hoy habitan felices. La realidad es que nadie tiene la bola de cristal para saber qué decisiones nuestros hijos verán con buenos ojos o no. Lo que sí puedo asegurar es que hoy, con el diario del lunes, mi forma de hacer homeschooling sería completamente distinta. MUY distinta y está bueno cuando podemos aceptar eso, reflexionar y darnos el espacio de entender que esa línea entre ser mamá y ser “maestra” (o guía o como te sientas mejor decirle) es tan pero tan movediza que a veces vamos a hacer las cosas mal y otras las vamos a hacer excelente.

Lo importante es entender que empujar, sostener y marcar caminos no tienen por qué ser vistos como presión. Los chicos no nacen con intereses internos ni con habilidades puntuales; se adquieren y muchas cosas requieren de sacrificio y constancia. Hoy veo muchas veces chicos super desmotivados a los que les hemos enseñado que aburrirse está mal, que es una tortura. De ahí lo importante del diálogo, hablar mucho con ellos porque quizá lo que les pasa es que no confían en sí mismos, que pueden hacer aquello que quieren, que se comparan con otros más avanzados en el camino y por eso les parece todo inalcanzable. Para mi es urgente volver a la idea de enseñar que no todo es divertido genial e interesante. Siento que sino criamos futuros adultos que no podrán sostener vínculos, trabajos, proyectos personales si no cuadran exactamente en el tiempo y forma que se imaginan.

Prof. de Lengua, Literatura y Latín; 30 años en la docencia. La música y el arte me sostienen. Tengo dos hijos ya adultos graduados de high school y pasé el medio siglo. Disfruto aprender, leer, escribir y los recuerdos de meriendas en casa de mi abuela.