Sobre el Ice bucket challenge

No hace mucho nos inundaban por tele y redes sociales los vídeos de famosos dándose con el cubo de agua helada para concienciar sobre el ELA. Como todo lo viral y mediático, llegó un momento en que todo se desvirtuó y parecía que esos desafíos quedaban en solo una divertida cadena de amigos haciéndose cargo del reto y ya. La verdad que se había vuelto algo cansino de ver.

Ahora que la cosa se apaciguó según parece, me pongo a pensar en uno de estos tantos videos que ví al respecto y que me pareció realmente el mejor de todos. Sugiero que lo vean antes de seguir con lo que quiero contarles. No prejuzguen por como empieza porque realmente lo que viene en el minuto 2:02 es desgarrador. Lamentablemente no tiene subtítulos pero créanme que no les va a hacer tanta diferencia para entender qué dice

Los niños sí entienden

Recuerdo cuando RM tendría unos 2 añitos y medio. Era una nena que enseguida me percaté de lo sensible que era. Se daba  cuenta de todo al toque y sigue siendo así. Uno hablaba pensando que no iba a entender la inmensidad o gravedad de algo y posteriormente la encontraba llorando angustiada por lo que había oído. Aprendí a tener mucho cuidado al respecto porque no es nada sencillo tratar de consolar a una criatura por cuestiones que ni siquiera uno como adulto a veces puede entender.
Así fue como la semana pasada yo me encontraba acostada leyendo, ya antes de dormirme cuando TO se acostó a mi lado me abrazó y comenzó a hablar con voz temblorosa:

-Ma, estoy muy preocupado. Tengo miedo que me agarre esa enfermedad porque no tiene cura y es realmente terrible.
-¿Cuál enfermedad?
-Esa del cubo de hielo. Si te agarra la verdad es mejor morirte porque no te pueden curar y es terrible cómo terminás.

No les puedo explicar cómo se me vino el mundo al piso. ¿Cómo le explicaba que no tenía que tener miedo? ¿qué le decía?. Traté de explicarle que esa enfermedad por lo general es hereditaria (me sentí mal de tener que mentir un poco en eso), que afectaba a un número reducido de personas.

Pero má, los científicos tendrían que hacer algo para que pueda curarse, para eso son científicos!

Ay, la cosa se me iba complicando; y la verdad, para qué mentirles, es que más preguntas me hacía más angustiada me ponía. Como pude traté de consolarlo, de explicarle que no tenía que tener miedo y que ya había científicos estudiando esta enfermedad y que seguramente a cómo crecía tan rápido la tecnología, dar con una solución seguramente iba a ser cada vez más probable.

Siguió con el tema al día siguiente, le comentaba al padre que seguía preocupado por la gente que sufría de ELA (ya se había aprendido el nombre desde que se la nombré) y que no podía sacarse de la cabeza lo horrible que debía ser sufrir algo así. Mi marido también como pudo trató de explicarle, de contenerlo para que no tuviera miedo ni se angustiase.

¿Hablar o no hablar de ciertos temas?

Muchas veces tratamos de no hablar con los chicos de algunos temas por pura protección, justamente para no anguistiarlos innecesariamente o porque, reconozcamoslo, no somos capaces de explicar ciertas cosas. Si bien sé por experiencia lo mucho que se sufre cuando uno es sensible a ciertos temas o cuando uno percibe el dolor ajeno; creo que no está mal hablar con los chicos de las cosas que los preocupan. Es buena señal que sean sensibles y que se preocupen de temas importantes más allá de una “moda” como fue en su momento este desafío del baldazo helado.

Por otro lado es inevitable que hoy en día los chicos no se enteren de cosas como quizá sí nos era vedado a nosotros en nuestra época, donde las noticias o el acceso a la información era bastante más restringido que ahora con esto de internet. Después de todo, en realidad TO se había enterado de esto viendo vídeos de Minecraft y donde puntualmente se enteró de la enfermedad en sí, fue en uno de German Garmendia, personaje que le fascina, y quien sí se dedicó a explicar el trasfondo de este desafío.

Me quedé pensando en esto de los niños del nuevo milenio, lo que significa entonces el desafío que tenemos los padres ahora, hoy en día, para criar a nuestros hijos; y me quedé pensando, sobre todo, en aquellos niños que quizá tienen padres que evaden este tipo de temáticas. Lo que deben sufrir o el miedo o angustia que pueden llegar a sentir sin que alguien se dedique a explicarles y contenerlos, debe ser espantoso.

 

 

 

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