Vacaciones patagónicas I

Uno de los incontables altares al Gauchito Gil que se ven en el camino
Mi idea era poder hacer una crónica de nuestro viaje a San Martín de los Andes, en la Patagonia argentina, pero sepan disculpar que los primeros días nos han tenido algo ocupados!.
Esta primera entrega es simplemente para contarles sobre nuestro viaje de ida y mostrarles algunas fotos. Seguramente estas entregas terminarán cuando ya nos encontremos en casa pues apenas nos quedan dos días en este paraíso y luego, la tan indeseable vuelta.
Les cuento que no sabíamos cuándo íbamos a salir en realidad pues a pesar de que a mi marido le habían dicho que no trabajaría el Jueves Santo no fue sino hasta último momento que se lo confirmaron por lo que nos mandamos (por mi inconsciente insistencia) el desafío de hacer los 1558 km de viaje de un tirón. Todos me decían que era una locura pues la única que manejaría sería yo… y no se equivocaron.
Partimos a las 00 hs del Jueves, apenas una hora después que mi marido llegara de trabajar. El viaje fue tranquilo hasta que agarramos la ruta 5 donde la cantidad de tráfico, sobre todo camiones, era bastante grande. Nos enteramos en una de las primeras paradas para ir al baño y comer algo que corría una veda de camiones por la Semana Santa, por lo que al no poder transitar de 6 am a 12 pm todos salieron antes.
Cercanos a Peguajó, a eso de las 5 de la mañana terminé diciéndole a mi marido que mejor nos dormíamos un rato, yo no había descansado nada desde el miércoles temprano y encima había llegado un momento en que las luces de los autos y camiones que venían en sentido contrario era una gran sola luz semejante a un tren de frente lo cual, se imaginarán, me puso muy nerviosa.
Pulpería de Chacharramendi, La Pampa
En Peguajó estacionamos en una Shell grande, dormimos una hora hasta que amaneció, desayunamos en el propio auto y de allí continuamos viaje. Nuestra mayor preocupación era cómo llegaría a cruzar la famosa ruta del desierto, donde la monotonía de un camino todo recto de casi 198 km suele tener una taza alta de accidentes porque muchos se terminan durmiendo y al morder la banquina y volantear terminan volcando. Así que cuando llegamos a Chacharramendi, donde comienza este trayecto, cargamos el tanque por las dudas, nos refrescamos con un heladito y tratamos de conocer la popular pulpería más vieja de La Pampa. Lamentablemente la encontramos cerrada pero al menos le sacamos un par de fotos a su frente.
La ruta del desierto, que en realidad lleva por nombre “Conquista del desierto” es realmente tediosa, hacía algo de calor y creo que terminamos usando casi todas las paradas de descanso que había. Llegó un momento hacia el final del trayecto que íbamos a 140 km por hora de la desesperación por llegar. Increíble que a esa velocidad muchos autos me pasaban de largo como si fuera apenas a 80!!.
En fin, entre una cosa y otra, sobre todo paradas para descansar, llegamos a duras penas a Neuquén donde tuvimos que desembolsar una linda suma de $550 para pasar una noche en un hotel bastante medio pelo. Pero no me quejo, descansamos bien, conocimos algo de la ciudad (que nos gustó realmente mucho) y a la mañana siguiente luego de un buen desayuno continuamos nuestro viaje ya más tranquilos y con todo el tiempo de poder hacer alguna paradita por ahí.

Cuando llegamos a Villa Chocón, donde se encuentra la central hidroeléctrica, los carteles nos anunciaban que estábamos cerca del museo paleontológico, uno de los más importantes de Argentina, asique buscando y buscando la entrada al Museo (que lamentablemente no encontramos pero volveremos a intentar hallarla al volver) dimos con un paisaje inmenso.

Un faro que sobresalía con toda su gracia a la orilla del lago Ezequiel Ramos Mexia. Nos dio gracia que mientras estábamos allí sacando fotos otros dos autos pararon a preguntarnos por el Museo y me sentí mejor de no ser yo la del problema de no encontrar algo que parecía obvio, pero la realidad es que no está muy bien señalizado.
Por último, ya cerca de nuestro destino, nuestra última parada fue para almorzar en Piedra del Aguila, una población que creció enormemente desde la última vez que había estado hace ya más de 20 años.

Piedra del Águila

Recordaba Piedra del Aguila justamente por su cordón montañoso de piedras de formas singulares y porque por aquel entonces al no tener casi habitantes parecía un gran paisaje de estilo western. En estas las piedras se tallaron en su momento la Madre india y el Niño, y la Cabeza del Indio allá por la década del 70´.

Estas formaciones pertenecen a la era terciaria, son de basaltos de 70 millones de años! Me quedé con muchas ganas de poder pasear por entre las rocas pero veníamos ya atrasados y entonces, luego de comer, seguimos viaje.
Finalmente, y luego de otra pequeña parada en Junín de los Andes, pueblo anterior al de San Martín, llegamos a destino. Nos costó bastante encontrar la casa de Melanie, una alemana encantadora que enamorada del sur argentino terminó mudándose aquí y abrió su casa a huéspedes. Asique rondando ya casi las 6 de la tarde simplemente hicimos un poco de visita citadina, lo típico de ver la plaza y sacar algunas fotos y una cena muy hiper light para finalmente ducharnos todos de encima un largo viaje y descansar.

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